La interrelación Indio-Negro: génesis del "Zambaje" por Byron Alberto Léon

¿Qué y quién es el zambo? ¿Cuál es su origen? ¿Qué papel desempeñó en los tiempos coloniales? Bastante se ha hablado ya de la categoría de Mestizaje; ¿no puede ser acaso la categoría Zambaje una alternativa para designar los procesos propios de la interrelación lograda por los nativos americanos y los africanos enviados como esclavos por los europeos? El Zambo es un categoría racial consolidada durante la Colonia junto con el Mestizo y el Mulato (por lo que también se podría hablar de un Mulataje); sin embargo, lo que nos interesa es examinar aquellas dinámicas sociales que permitieron un contacto entre indios y negros a nivel general latinoamericano. Infortunadamente, no contamos con un gran número de obras que se centren en esta temática específicamente; ello no implica que no existan obras de altísimo interés para la materia. Un punto de partida y referencia nos lo brinda el texto de Judith Gallego, "Zambaje y conflicto en la Provincia de Cartagena, 1602-1640" y de acuerdo al balance que hemos realizado, contamos con trabajos que tratan la problemática del Zambaje en Ecuador y en Nicaragua. No tenemos todavía un límite específico en lo espacial y lo temporal pero la idea subyacente es tratar de responder a las preguntas que inauguran el presente texto tomando como punto central la interrelación Indio-Negro en los tiempos coloniales.


Fuentes

1. Como ya lo habíamos mencionado anteriormente, persiste en Bogotá una carencia de obras que nos planteen el problema del zambaje (y del zambo como tal) a nivel colonial latinoamericano. Parece ser que es una veta histórica que no ha sido debidamente estudiada sobre todo en Colombia, ya que hemos podido identificar algunos estudios de importancia para el Ecuador especialmente: un ejemplo claro de esta tendencia es el trabajo del ecuatoriano Justino Cornejo, titulado Los que tenemos de Mandingas (prohibida para negros, zambos, mulatos y otros de igual ralea) (1974), en la que pretende examinar las manifestaciones culturales de un pueblo que ha pasado por un interesante proceso de zambaje mucho más intenso que en otros lugares de Latinoamérica. Sin embargo, no debemos despreciar el esfuerzo que han realizado algunos académicos colombianos con respecto al tema del zambaje en Colombia: David Ernesto Peñas nos ofrece Las bogas del Mompox: Historia del Zambaje (1988), mientras que Carmen Ortega Ricaurte publicó en 2002 Negros, Mulatos y Zambos en Santafé de Bogotá: sucesos, personajes y anécdotas. Se trata de tres obras de referencia general para nuestro trabajo, respaldadas por la magnífica compilación titulada Negros, Mulatos, Zambaigos: Derroteros africanos en los mundos ibéricos (Sevilla, 2000), dirigida por Berta Ares Queija y Alessandro Stella. Es de suponerse que debe existir material archivístico relacionado con la innegable presencia del zambo en la Colonia pero por cuestiones de tiempo y de acuerdo a la orientación del trabajo no entrarán a formar parte del corpus de fuentes que vamos a manejar. Contamos paralelamente con una serie de artículos que amplian la cantidad de información que poseemos. Por supuesto, esperamos topranos con más fuentes a medida que se desarrolla nuestro sencillo proyecto.

2. Básicamente, lo que pretendemos es rastrear las concepciones, definiciones y desarrollos que se proponen de los términos zambo y zambaje a través de las obras ya mecionadas y las que vayamos descubriendo en el camino. Se trata ante todo de un enfoque analítico que pretende recoger el legado del zambo en el mundo colonial hispanoamericano, sin tener que remitirnos necesariamente a una fuente primaria que de una u otra forma no nos brinda los elementos más importantes para el desarrollo de una teorización a propósito del zambaje como categoría étnica, mental y cultural de Latinoamérica.

3. La información obtenida tras aplicar el sencillo método anteriormente expuesto será esencialmente la que nos permita realizar una análisis de la construcción del zambo en Hispanoamérica, acompañada de un contexto histórico que nos permita establecer como es que se ha consolidado dicha categoría con el paso del tiempo, proyectándola hasta nuestro días. Tendremos entonces dos vertientes de información: una teórica y otra histórica, lo que nos permitirá establecer un punto de partida para un posible proyecto futuro mucho más amplio y mejor argumentado y estructurado.

4. Algunas de las fuentes, como el trabajo del profesor Cornejo, carecen de sentido y rigor histórico verdadero por lo que deben ser tratadas con sumo cuidado. Adicionalmente, y como lo hemos venido planteado, la carencia de trabajos sobre el zambaje y la relevancia de los zambos durante la Colonia es aún un territorio no explorado debidamente, por lo que las limitaciones se concentran precisamente en la falta de fuentes con las que trabajar. En la medida de lo posible trataremos de neutralizar dicha carencia planteando algunas ideas nuevas que (porqué no) inauguren o revitalicen esta importante problemática social de la interrelación Indio-Negro.

LA INTERRELACIÓN INDIO-NEGRO: GÉNESIS DEL ZAMBAJE

Introducción

Ser zambo, lobo o cafuzo… se trata básicamente de ser un individuo dentro de la misma categoría racial, se trata de ser hijo de negro y de india… se trata de un universo poco explorado y que siempre ha estado a la sombra de sus similares mestizo y mulato. El mundo del zambaje ha sido, sin lugar a dudas, marginado considerablemente del campo de estudio de las Ciencias Sociales; de hecho, ha sido generalmente concebido dentro de los procesos globales de mestizaje de Iberoamérica, desconociendo su fuerte influencia en algunos puntos geográficos específicos del continente. Adicionalmente, y como ya lo habíamos indicado, el zambo ha vivido prácticamente a la sombra del mulato debido a que, numéricamente, la interrelación sentimental y sexual entre blanco y negra –o viceversa– fue más frecuente y ha sido mucho más ampliamente estudiada. Tal marginación del zambo es evidente si consultamos los trabajos que sobre el tema se han escrito: para el caso colombiano no contamos con un trabajo dedicado completamente al zambaje con la posible excepción de Los Bogas del Mompox: Historia del Zambaje de David Ernesto Peñas. El libro, publicado en 1988 es un valioso esfuerzo por rescatar la figura del zambo en la región del Bajo Magdalena pero desde su aparición, ningún especialista se ha dado a la tarea de profundizar la problemática o de darle nuevos matices y nuevas direcciones a la investigación. Por otro lado, existen otras obras en las que la problemática del zambo se encuentra asociada con la de otras castas: negros raizales, mulatos y otras denominaciones; lo que de una u otra forma minimiza o “invisibiliza” el papel del zambo en la sociedad colombiana. Es cierto que los zambos constituyen un porcentaje muy pequeño de la población afro-colombiana, alrededor de un 5% de los aproximadamente 10 millones afro-descendientes de nuestro país, pero ello no justifica que la comunidad académica nacional no se interese por su situación histórica y contemporánea. A través de la exploración de un puñado de libros y artículos pretendemos presentar un fugaz vistazo al desarrollo histórico del zambaje en tres puntos geográficos de Iberoamérica caracterizados por una significativa presencia zamba: Colombia, Ecuador y la Costa Atlántica de Centroamérica. Al igual que en nuestro país, muy poco se ha escrito acerca del zambaje tanto en Ecuador como en el subcontinente centroamericano, ¿cuáles pueden ser las razones? Primero demos una mirada a la categoría de zambo y su status en las regiones geográficas ya mencionadas. Es preciso aclarar que hay otras presencias zambaigas en el continente Iberoamericano, más específicamente en Brasil y la Isla de la Española, pero infortunadamente no hemos podido identificar trabajos centrados en estas comunidades por lo que hemos decidido no incluirlas en nuestro escrito por el momento.

El zambo y el zambaje: aspectos generales

Ser hijo de negro y de india en los tiempos coloniales podía ser doblemente una ventaja o una desventaja: la ventaja radicaba en nacer libre y no responder ante la autoridad de ningún español, peninsular o criollo. La gran desventaja era vivir condenado a un estado crónico de extrema marginación de la sociedad establecida. Sin embargo, el entorno vital del zambo muy bien podía minimizar o anular el efecto de esa marginación y, como sucedió en las tierras bajas ecuatorianas o en la depresión momposina colombiana, los zambos lograron consolidar su propia sociedad que no necesariamente estaba sistemáticamente encerrada en torno a sí misma: las comunidades zambas lograron altos niveles de interacción con otras comunidades conformadas básicamente por esos mismos ‘otros’ disgregados de la República de españoles; nos referimos a los blancos pobres, negros raizales, mulatos, indígenas y otros actores. Pero, ¿cuáles son los procesos que gestan la existencia del zambo? La etimología del término zambo se encuentra todavía refundida en la historia. La palabra aparece por primera vez en el Diccionario de Autoridades de la Real Academia Española de 1739 pero no posee todavía el significado de “persona de ascendencia mixta, hija de padre negro y madre india”, como lo indica una de las definiciones más modernas. Se ha propuesto un origen africano para el término, tal y como la lógica lo podría sugerir: es posible que provenga de la palabra nzambu que en idioma kikongo significa ‘mono’ –el Kikongo es una lengua bantú hablada principalmente en el Congo y Angola–. Efectivamente, la definición de 1739 describe a un primate que “es tan horrible, que á la primera vista espanta á quien no le conoce”. Por otro lado, un sinónimo del término zambo, zambaigo, hace su debut en el Diccionario Usual de 1803 con el siguiente significado: “En Indias el hijo ó hija de indio y negra, ó al contrario”. Coincidencialmente, esa misma definición es añadida a las varias definiciones de zambo en la misma edición de 1803, ¿la razón?, no es posible determinarla por el momento.

El término zambo como tal ya tenía un uso extensivo a principios del siglo XVIII pero solo 100 años después la Real Academia reconoció su uso en la designación racial o de casta de una persona. De hecho el zambo es una casta más junto con el pardo, el raizal, el mulato, el salto-atrás y muchas otras curiosas denominaciones. Sin embargo, recordemos que la composición racial de Iberoamérica se basa en la trinidad Blanco-Indígena-Negro, en la que zambo indica precisamente una de las tres “mezclas” fundamentales, la de negro e indígena. Así como existe el término mestizaje con el fin de indicar la interrelación entre el blanco y el indígena, es posible plantear el término zambaje para los procesos que involucraron la interrelación social entre negros e indígenas, como ya lo hizo el profesor Peñas en su trabajo sobre Mompox. La palabra no existe en el Diccionario de la Real Academia por lo que el futuro desarrollo de la problemática del zambo puede respaldar su inclusión en el mismo. Ahora bien, volviendo al término zambo, ¿cómo es que una palabra que designaba a un primate se convirtió en sinónimo de una persona de origen afro-indígena? No hay evidencia histórica que sustente una explicación definitiva pero se puede suponer lo siguiente: El zambo en la colonia era un ser altamente marginado y denostado por su condición racial, su dudosa moralidad y… su aspecto físico. Era lógico que para los dominadores el blanco español era la persona que poseía las mejores cualidades y que prácticamente no poseía defectos; por otro lado, los indígenas eran considerados perezosos y traidores y los negros levantiscos e inmorales. El zambo, como el producto de esos ‘otros’ posee doblemente este conjunto de defectos por lo que se consolidó rápidamente como la “mezcla indeseada” en el imaginario español. Adicionalmente, varias crónicas coloniales y relatos de viaje de los siglos XVIII y XIX destacan la particular fealdad de los zambos: ¿puede haber alguna relación entre esta fealdad y el supuesto “horrible aspecto” del simio denominado ‘zambo’? ¿Es la palabra zambo utilizada por primera vez entre los propios descendientes afro-indígenas ­–suponiendo válido su origen africano– o es acuñada por lo españoles para indicar su origen y status racial? Se trata de preguntas interesantes que merecen ser desarrolladas bajo la óptica de la Lingüística y las Ciencias Sociales. Lo único que sabemos es que el significado de zambo como la “mezcla entre negro e india” consiguió un reconocimiento oficial muy tardío, lo que no elimina la posibilidad de que se ya se acuñase con esa intención incluso desde finales del siglo XVI. Es preciso tener en cuenta que esta definición de zambo no aplica para toda Iberoamérica: en México el hijo de de negro e india es conocido como lobo, en Brasil cafuzo, en Haití marabou y en Centroamérica garífuna. No obstante, garífuna designa básicamente una comunidad étnica de origen afro-indígena plenamente identificada consigo misma y constituye un caso especial dentro del universo zambaigo iberoamericano.

Hasta ahora hemos destacado al zambo/a como el hijo/a de negro e india pero como la definición del Diccionario Usual de la Real Academia lo indica, era posible que se presentase el caso inverso, es decir, que el padre fuera indio y la madre negra. Se trataba de un fenómeno improbable pero no por ello imposible. De acuerdo al artículo de Judith Gallegos titulado Zambaje y conflicto en la provincia de Cartagena, 1602-1640, el zambaje entre indio y negra constituía una porción mínima del zambaje en general durante la colonia en la medida en que los africanos fueron traídos al Nuevo Mundo precisamente para reemplazar la decreciente fuerza de trabajo indígena compuesta esencialmente por hombres. Paralelamente, el porcentaje de mujeres negras embarcado hacia América era relativamente pequeño. Hijos de indio y negra los hubo pero, además de ser discriminados por su condición racial, podían ser sometidos por ley a la esclavitud ya que nacían de un vientre esclavo. Por supuesto, caso contrario sucedía con las personas nacidas de varón negro y mujer india: tras la publicación de las Leyes Nuevas, los indígenas americanos eran, en teoría, libres de toda imposición esclavista por lo que los zambos nacidos bajo esta configuración adquirían la libertad a través de su madre. Es probable que para muchos africanos la interrelación sexual con una blanca o una indígena representará un mejor porvenir para su prole por lo que tanto el mulataje como el zambaje se pueden explicar más allá de una simple manifestación de una insatisfacción sexual –como lo indica el profesor Peñas– o una sincera intención de fortalecer los lazos sociales de los diferentes estamentos coloniales.
Pero, ¿eran las relaciones entre negros e indígenas lo suficientemente cordiales como para permitir procesos de zambaje tan importantes en Iberoamérica? Tanto armonía como conflicto son vitales para entender el origen del mundo zambo. Veamos tres ejemplos de zambaje en diferentes puntos del continente iberoamericano.

Caso Colombia: el bajo Magdalena y la Depresión Momposina

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Los Bogas del Magdalena según ilustración de un viajero europeo del siglo XIX

Colombia es, tras Estados Unidos y Brasil, el tercer país americano con mayor población afro-descendiente por lo que su riqueza racial y cultural es sumamente amplia y diversa. Ya habíamos establecido que los zambos constituyen un porcentaje muy pequeño de la población afro-colombiana, lo que ha atentado ciertamente en contra de su relevancia a nivel regional y su carácter de objetos de estudio académico. Sin embargo, existen tres factores más que han “invisibilizado” su presencia de una u otra forma: en primer lugar los descendientes afro-indígenas colombianos no se reconocen como una entidad étnica autónoma ni poseen corporaciones que los agrupen: en pocas palabras, han decidido vivir bajo la sombra del gran conjunto de los afro-colombianos; en segundo lugar, ya es muy difícil establecer quién es un afro-indígena y quién no lo es: la mezcla racial ha sido tan intensa que las características fenotípicas del zambo han sido absorbidas casi en su totalidad; y, en tercer lugar, los estudios afro-colombianos datan de hace muy poco tiempo –no más atrás de 1985– debido al tardío reconocimiento de los derechos fundamentales de las comunidades negras al amparo de la Constitución de 1991. Este último factor es sumamente grave: la obra La saga del negro de Nina de Friedemann evidencia claramente este fenómeno; la introducción deja entrever que durante el tiempo en que la comunidad académica no estuvo obligada a rescatar los valores afro-colombianos prácticamente no se trabajó sobre la problemática, mientras que tras la promulgación de la nueva carta magna en 1991 la preocupación se hizo evidente pero meramente influida por una acción política. El trabajo del profesor Peñas, reseñado al principio de nuestro escrito se enmarca en la órbita de los estudios afro-colombianos tempranos por lo que su valor académico es muy alto a pesar de su corta extensión. Mientras que en el departamento del Chocó, caracterizado por su población mayoritariamente afro-descendiente, no se ha presentado históricamente algún proceso de zambaje verificable; la región bañada por el curso bajo del Río Magdalena, y más específicamente, la Depresión Momposina, ha sido escenario de uno de los procesos de zambaje más interesantes de Iberoamérica. Coincidencialmente, los zambos de esta región estuvieron asociados históricamente a una profesión totalmente compenetrada con el río incluso hasta los primeros años del siglo XX: su desempeño como bogas los ha llevado a ocupar un lugar de especial recordación en la zona de la Depresión Momposina. Un boga es aquel individuo que se desempeña en la navegación fluvial: se trata de una ‘profesión’ forjada durante la Colonia de suma importancia para el transporte de pasajeros y para el sostenimiento de las redes comerciales. Por lo general, los bogas se encargaban de impulsar los pesados champanes –grandes embarcaciones coloniales caracterizadas por poseer un toldo de palmiche de proa a popa– a través de las arterias fluviales de la época. Para el caso de la Nueva Granada, el trabajo de boga fue inicialmente ocupado por los indígenas de la zona del Bajo Magdalena –esencialmente chimilas y sinúes– obligados por los encomenderos que se repartieron la Depresión Momposina en el siglo XVI. La consecuente disminución de la población nativa y la promulgación de las Leyes Nuevas de 1542 propiciaron progresivamente la llegada de negros africanos para suplir las necesidades económicas y de transporte de la región. La villa de Mompox se convirtió entonces en todo un crisol de culturas y se erigió como el más importante puerto comercial sobre el Magdalena, fomentando no sólo el desarrollo de actividades económicas lícitas sino también ilícitas como el contrabando.

En términos generales, la convivencia entre indígenas y africanos fue bastante pacífica. La ley prohibía que los negros y los indios compartieran un mismo lugar de residencia pero en la práctica, la Depresión Momposina era una tierra de nadie en la que la legislación oficial tenía una aplicación mínima o inexistente, tal y como lo plantea Marta Herrera en su obra Ordenar para Controlar: en la Región Atlántica colombiana existían pocas villas y ciudades que representaran el poder de la Corona pero sí muchos sitios y rochelas donde blancos, negros e indios coexistían sin prejuicio alguno. Por otra parte, Mompox estaba controlado por un puñado de encomenderos que dependían del trabajo indígena y de la economía del río: el arribo de los contingentes de africanos desde finales del siglo XVI hasta mediados del XVIII les aseguraron aún más poder económico y una buena cantidad de mano de obra. A estos encomenderos no les interesó que indios y negros se relacionaran sexual, sentimental y socialmente: si bien la gran mayoría de esa prole no sería en el futuro mano de obra esclava si sería posible contratar sus servicios con sueldos miserables. Los negros entonces, y después los zambos, se apoderaron del río, del puerto y de la región; bajo la atenta mirada de sus amos y/o patrones. Hasta el día de hoy el fenotipo y la identidad del zambo se ha disuelto entre la población negra de los departamentos de Bolívar y Magdalena. Como es lógico pensar, los rasgos africanos han pervivido con mayor intensidad que los indígenas pero el recuerdo del zambo sigue siendo un lejano y apreciado recuerdo para aquellos son suficiente memoria para recordar.

Caso Ecuador: las tierras bajas de Esmeraldas

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Selección Ecuatoriana de Fútbol durante la Copa Mundo de Alemania 2006

Pregunta capciosa: ¿cómo se puede identificar visualmente a un zambo? Hasta el momento hemos hablado bastante acerca de estos individuos tan particulares pero, ¿qué los hace zambos ante nuestros ojos? Es una cuestión tan difícil de resolver como la de identificar visualmente a un mulato. Algún comentario racista de poca monta plantea que “todos los negros son iguales” pero la realidad es completamente diferente. No más demos un vistazo a la selección de fútbol de Ecuador: literalmente es posible proponer que podemos ver negros de “todos los colores” pero, principalmente, zambos. No se trata en ningún momento de plantear un prejuicio racista sino, al contrario, de indicar la inmensa riqueza racial de nuestro vecino del sur. Si una persona quiere saber cuál es el aspecto de un zambo puede buscar imágenes de algunos futbolistas ecuatorianos que se caracterizan por poseer una combinación evidente de rasgos indígenas y africanos. Generalmente el color de piel de una zambo puede variar desde el cobrizo amarillento hasta el marrón oscuro: su piel en muy pocas ocasiones es de color negro azabache. Por otro lado, presentan poca abundancia de vello facial –una herencia claramente indígena– y pueden tener el pelo ensortijado o liso y grueso. La nariz puede ser plana y ancha como la de un africano o ganchuda y delgada como la de un indígena mientras que la abertura de los ojos puede ser amplia o estrecha. Sabemos que la anterior descripción suena como los retratos compuestos por los viajeros anglosajones de los siglos XVIII y XIX, que contenían una fuerte carga de prejuicios racistas, pero si se observa con atención la foto de un zambo se pueden identificar con mayor o menor claridad los rasgos ya citados, lógicamente, en diferentes niveles de combinación. Es inevitable que hagamos una relación entre la problemática del zambaje y el fútbol, debido a la siempre creciente de la participación de los negros en el deporte no sólo a nivel americano. El fútbol colombiano cuenta con algunos ejemplos de jugadores de ascendencia afro-indígena pero la selección de Ecuador es el escenario ideal para evidenciar el intenso zambaje que sucedió en ese país.

Ecuador no posee una gran cantidad numérica de afro-descendientes con respecto a otros países de América e, incluso, con respecto a su propia población: de 13 millones de habitantes sólo unos 900 mil son afro-ecuatorianos; sin embargo, estos afro-ecuatorianos componen cerca del 70% de la población de las provincias de Esmeraldas e Imbabura a lo que se añade una relativamente amplia presencia en otras zonas costeras del país como Guayaquil. El fenómeno tiene, por supuesto, una explicación histórica de altísimo valor para los ecuatorianos. A diferencia de la región colombiana de la Depresión Momposina, donde no existían a la llegada de los españoles grandes estados indígenas organizados plenamente; Ecuador hacía parte casi en su totalidad del Imperio Inca. Por lo tanto la presencia indígena era dominante lo que fomentó con mayor impulso procesos de mestizaje, mulataje y zambaje. La mayoría de los africanos llevados a trabajar al Ecuador se asentaron fundamentalmente en las regiones costeras y logaron una gran compenetración con los indígenas residenciados allí. Tal fue la magnitud de la interrelación entre las dos comunidades que llegaron a consolidar un poder regional que desafiaba al de la Corona y que estaba liderado por zambos, de hecho, la provincia de Esmeraldas fue conocida entre finales del siglo XVI y finales del XVII como la República de Zambos. La llegada de negros africanos a las costas del Ecuador es mucho más temprana que la sucedida en la Nueva Granada. Sin embargo, sorprende la rapidez con la que los africanos lograron amasar poder político e integrar a los indígenas en un proyecto emancipador cuya dirección fue tomada progresivamente por los hijos de su interrelación y garantes de su integración: los zambos. El artista indígena del siglo XVI, Adrián Sánchez Galque pintó en 1599 una crucial obra para la comprensión de la influencia de los zambos en la región de Esmeraldas titulada “Mulatos de Esmeraldas”.

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"Mulatos de Esmeraldas" por Adrián Sánchez Galque. Pintura al óleo. Quito. 1599.

Reflexionemos un momento… ¿por qué mulatos si se supone que son zambos, en una época en la que ya se acuñaba el término en un sentido racial? Probablemente Sánchez Galque se equivocó, no tenía conocimiento de la palabra o tuvo otras razones de por medio; se trata de una pregunta que nuestro trabajo no pretende responder. Lo que realmente interesa es el contenido pictórico de la obra: tres hombres negros ataviados con joyería indígena y vestidos como conquistadores españoles. La trinidad iberoamericana de las razas se encuentra sintetizada en esta curiosa pintura, hecha por un indígena que logra representar el poder adquirido por los zambos en las tierras bajas ecuatorianas. A diferencia del caso colombiano, los rasgos zambaigos si han logrado mantenerse con éxito en las regiones ecuatorianas habitadas por afro-descendientes debido precisamente a la poderosa influencia y pervivencia de los zambos de Esmeraldas. Durante la segunda mitad del siglo XVI Esmeraldas fue una zona altamente conflictiva pero no internamente sino con respecto al poder de la Corona. Por varios decenios los españoles no lograron el control total de la región y no fue sino hasta principios del siglo XVII cuando los zambos decidieron jurar lealtad a la Corona Española. No obstante, su legado racial, social y cultural permeó toda la línea costera de Ecuador y es por ello que hoy podemos ver evidentes ejemplos del fenotipo zambo en el vecino país. Un considerable número de jugadores de la selección ecuatoriana proviene de las regiones costeras: ¿será que los blancos ecuatorianos no sirven para jugar al fútbol?

Caso Centroamérica: la costa atlántica

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Grupo de danzas Garínagu de Centroamérica

Sin duda alguna, el caso centroamericano reviste un especial interés dentro del mundo zambaigo iberoamericano. Muy probablemente, los zambos de la Costa Caribe de Centroamérica, concentrados principalmente en Guatemala, Bélice, Nicaragua y Honduras, son los únicos en todo el continente que ostentan una autodeterminación étnica, poseen un conjunto de manifestaciones culturales únicas y hablan una lengua particular: nos referimos a los pueblos Garínagu y Miskito. El origen de los zambos en Centroamérica difiere sustancialmente del caso sudamericano en tanto que muy pocos negros fueron introducidos oficialmente por las potencias coloniales: según la profesora Barbara Pottheist-Jutkeit en su artículo Indians, Black and Zambos on the Mosquito Coast, 17th and 18th centuries, la mayoría de los africanos que poblaron la costa atlántica centroamericana llegaron como cimarrones desde las islas caribeñas cercanas como Jamaica, Cuba y La Española. Lo llamativo del fenómeno es que se trataba de grandes contingentes de negros que vieron en las selvas del subcontinente su mejor vía de escape de la esclavitud. Adicionalmente, la costa caribe centroamericana fue hasta bien entrado el siglo XVIII escenario constante de disputa entre España, Inglaterra y –en menor medida– Francia, por lo que la situación de desorden fue aprovechada por los cimarrones para consolidar un poder social y político de considerables proporciones. Otra diferencia con los casos colombiano y ecuatoriano radica en que la interrelación entre negros e indígenas fue la mayor parte del tiempo conflictiva en la medida en que los africanos eran considerados como verdaderos invasores entre los nativos centroamericanos. Es preciso indicar que los pueblos indígenas de la costa caribe centroamericana se encuentran más relacionados étnica y lingüísticamente con aquellos residentes en las costas colombiana y venezolana que con sus vecinos náhuas y mayas del norte: se trata de colectividades cuyo idioma es de origen arawak o caribe.

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Grupo de niños Miskito de Nicaragua


La dispersa organización política de estas comunidades favoreció el paulatino ascenso del poder africano y para mediados del siglo XVII era evidente un clima de tensión generalizado que pronto se tradujo en confrontaciones bélicas. Por supuesto, las comunidades indígenas más vulnerables y pequeñas optaron por colaborar con el creciente poder africano pero las tribus más grandes y poderosas decidieron emprender acciones en contra de los invasores. Desafortunadamente para ellos, los negros contaban con el respaldo militar de los británicos quienes, si bien no jugaron un papel activo en el conflicto, si proveyeron de armas y suministros a los hijos de África. Pero, ¿cuál era el interés de los ingleses en todo esto? La respuesta es sencilla: los impulsaba el objetivo de desestabilizar al gobierno español fuertemente asentado en la costa pacífica, presionando desde el Mar Caribe. El grupo indígena más afectado por el asentamiento africano fue el Mayangna –mejor conocido como Sumu–, residente en Nicaragua: tras décadas de conflicto tuvieron que rendir sus tierras sobre la costa de Mosquitos, quedando entonces encajonados entre el poder español y la creciente dominación negra. Tanto la libre voluntad de colaborar con los africanos como el sometimiento militar jugaron el rol principal en la gestación de procesos de zambaje en Centroamérica. Tanto Miskitos como Garínagu tienen un origen compartido pero su desarrollo histórico ha sido completamente diferente así como sus respectivas culturas son completamente independientes entre sí. Los Miskitos dominan en la actualidad toda la Costa de Mosquitos de Nicaragua y su poder fue tan grande que una Nación Miskita reconocida plenamente por Inglaterra –y, lógicamente, no por España– existió entre 1625 y 1908. La nación Miskita contó con sus propios reyes y una burocracia altamente desarrollada. Por otro lado, los Garínagu se encuentran dispersos en las tierras bajas centroamericanas sobre el Mar Caribe desde Guatemala hasta Costa Rica y no fueron inexistentes los roces con los Miskito en territorios que hoy pertenecen a Nicaragua a lo largo del siglo XVIII. Sin embargo, los Garínagu nunca tuvieron un país que pudiesen llamar como el suyo propio aunque curiosamente poseen una bandera propia que ha sido reconocida oficialmente por los países en los que habitan. Vale la pena resaltar un fenómeno llamativo: mientras que los Miskito han conservado un fenotipo más cercano al indígena centroamericano, los Garínagu tienen un aspecto muchísimo más cercano al africano: se trata de una cuestión que no ha sido esclarecida suficientemente pero que ya pertenece al campo de la Genética. Lo que si es claro para los científicos sociales es que se trata de dos comunidades de origen afro-indígena fuertemente arraigadas a sus ancestros y plenamente identificadas como colectividades étnicas autónomas.

Conclusiones: la perspectiva de los estudios afro-indígenas

Tras explorar tres interesantes casos de zambaje en Iberoamérica podemos plantear las siguientes ideas a manera de conclusiones:

  • Una cuestión geográfica primordial debe tenerse en cuenta para comprender debidamente los procesos de zambaje desencadenados en América: los zambos abundan básicamente en tierras bajas y zonas costeras. Así sucedió en Colombia –Depresión Momposina–, Ecuador –Esmeraldas, Guayaquil– y Centroamérica –la Costa Caribe–. Casos que no consideramos como el Brasil o las Antillas poseen un desarrollo similar. Para el fenómeno se pueden plantear dos razones evidentes: la aclimatación del negro en la altura fue prácticamente imposible por una cuestión biológica por lo que su actividad se limitó a regiones con clima templado o cálido, justo como en su continente de origen. Por otro lado, esa ‘mezcla prohibida’ denominada zambaje no era objeto de ningún control por parte de la Corona española en estas zonas: sólo los europeos mejor preparados para enfrentar la salvaje naturaleza americana representaron la dominación colonial pero, por lo general, su interés era puramente económico y no político y jurídico.
  • La interrelación social entre indígenas y africanos se debatió entre la asimilación pacífica y el conflicto, conformando así poblaciones con diferentes imaginarios, mentalidades y objetivos. Es curioso resaltar el hecho de que el zambaje no generó con claridad sincretismos religiosos como sí sucedió con el mestizaje Por otro lado, el aspecto lingüístico es especialmente llamativo en Centroamérica: los Garínagu, cuyo fenotipo es mayoritariamente africano hablan la lengua Garifuna de origen arawak mientras que los Miskitos hablan el Miskito, de presunto origen chibcha. Sorprende el hecho de que los negros llegados a Centroamérica adoptaran rápidamente las lenguas nativas a diferencia de los casos colombiano y ecuatoriano, en los que los zambos constituyeron una serie de dialectos con préstamos africanos, españoles y, en menor medida, indígenas. En un tema completamente ajeno, sorprende que una región tan diversa racialmente como el Chocó colombiano no haya sido escenario histórico de procesos de zambaje importantes: los negros han estado inmersos en su propio mundo al igual que las comunidades indígenas coexistentes.
  • Como ya se había sugerido en la introducción de nuestro escrito, el zambaje todavía tiene un largo camino por recorrer en los círculos académicos iberoamericanos. Estamos seguros de que hay una buena proporción de material publicado sobre el zambaje en países como Ecuador, Guatemala, Bélice, Nicaragua, Brasil entre otros; pero que desafortunadamente no se encuentran disponibles para la consulta en el país, perdiéndose así un acervo que podría esclarecer el camino a seguir de los estudios afro-indígenas Por otro lado, el zambaje ha sido una problemática abandonada desde que se inaugurasen los estudios afro-colombianos y sólo poseemos un puñado de trabajos que nos hablan sobre el tema. La puerta está abierta para todos aquellos interesados en esta problemática.

Bibliografía

  • Peñas Galindo, David Ernesto. Los bogas de Mompox: Historia del zambaje. Bogotá. Tercer Mundo Editores. 1988.
  • Friedemann, Nina de. La saga del negro: Presencia africana en Colombia. Bogotá. Pontifica Universidad Javeriana. 1993.
  • Gallegos, Judith. Zambaje y conflicto en la provincia de Cartagena, 1602-1640. Bogotá. ICAHN. 2002.
  • Potthast-Jutkeist, Barbara. "Indians, Blacks and Zambos on the Mosquito Coast, 17th and 18th Century". En América Negra: A la zaga de la América Negra. No. 6 (dic. 1993). Bogotá. Pontificia Universidad Javeriana.
  • Cornejo, Justino. Los que tenemos de mandinga: (prohibida para negros, zambos, mulatos y otros de igual ralea). Guayaquil. Editorial Cervantes. 1974.
  • Ares Queija, Berta y Alessandro Stella (comp.). Negros, mulatos, zambaigos: derroteros africanos en los mundos ibéricos. Sevilla. Escuela de Estudios Hispanoamericanos. 2000.
  • Conzemius, Eduard. Ethnographical survey of the Miskito and Sumu Indians of Honduras and Nicaragua. Washington. United States Government. 1932.
  • Real Academia Española de la Lengua

Byron Alberto León Méndez