espacio de trabajo para pensar las tecnologías mundanas
buscando lugar para construir desde el diálogo

(P: ahí va mi primera intento, pero no logro encontrar la dirección...qué dice usté? A)

Se puede vivir sin carro, pero no sin celular

Sin carro, pero con celular. Este parece ser el resúmen de la forma en que nos relacionamos con la tecnología la mayoría de los seres humanos que tenemos acceso a internet y podemos leer y escribir en sitios como este. La realidad social hoy en día depende enormemente de que podamos estar en línea y no tanto de que podamos movernos en el espacio urbano encerrados en una carrocería de prestigio y seguridad. No siempre las cosas fueron así. Para quienes crecieron en Bogotá o en Copenhague durante las décadas de 1970, 1980 o incluso 1990 el ideal de éxito social era la adquisición de un carro privado. No era solamente el hecho de llegar a tener suficiente dinero para adquirir un vehículo. Quienes lo hacían, especialmente por primera vez, podían disfrutar del ritual continuo de admiración por parte de amigos, familiares y conocidos. El individuo llegaba con su carro nuevo a alguna parte y todos los presentes apreciaban el vehículo, discutían sus propiedades técnicas, su comodidad y la facilidad con que se podía vender eventualmente para adquirir uno mejor. Quienes adquirían carro alcanzaban un nuevo estatus social. Adquirían además un derecho que no todos los demás despreciables mortales podían disfrutar: libertad.

Pero las cosas ya no son así. Quienes adquirieron capacidad para razonar durante la primera década de este milenio y lo que va de la segunda ya no quieren tener carro. Les parece un estorbo, un mamotreto claustrofóbico, una molestia innecesaria. Con que haya conexión a internet, cualquier modo de transporte es soportable, especialmente si es rápido, y el carro ya no lo es. Debido a su enorme éxito los productores de carros han logrado bajar los precios hasta niveles que permiten que una gran cantidad de personas que antes no podían acceder a un carro ahora lo hagan. En consecuencia, las ciudades donde vivimos se han llenado de carros privados hasta tal punto que simplemente no hay espacio para tantos. Ante una realidad tan evidente la mayoría de las ciudades del mundo están dando privilegios de movilidad a los modos de transporte colectivo y al transporte no motorizado. Así la gente ahora más que nunca se moviliza a pie, en bus, en Transmilenio o en bicicleta.

Sin perder la conexión claro. Porque eso no se puede perder. En cualquier sitio, a cualquier hora y en cualquier situación es importante estar en línea. Y para ello lo importante es tener un teléfono inteligente (un esmartfon). Con su cámara, con su pantalla sensible al tacto (tochscrín), con su conexión a internet. No es la posibilidad de llegar rápido donde los amigos lo que cuenta. Es el hecho de poder hacerles llegar una foto de manera instantánea. Un selfi. De cualquier situación especialmente de cualquier situación que ocurra en un sitio conocido: un restaurante, un club nocturno, un destino turístico. Ya no es necesario exhibirse a través de un trozo de metal sobrevalorado (el carro), ahora se exhibe uno mismo de medio cuerpo y sin un brazo en vivo y en directo.