José Francisco Meneses Piñeros

Por petición de personas que se mantendrán anónimas, los personajes que veremos a continuación no son los típicos humanos, sino que son animales, bestias como le llamaban los españoles de la época. Animales que pueden mostrar otra cara de la historia si solo nos sentáramos a pensar como puede ser la historia a través de los ojos de un animal...


Juan Fermín, el asnillo de los Frailes Dominicos:


Muchos me preguntan por mi nombre, la verdad es que nunca supe cual fue mi nombre original, nosotros los asnos no nos reconocemos por nombres sino por expresiones o sabemos que se refieren a nosotros por intuición, pero con el tiempo esos hombres que me utilizan me llamaron Juan Fermín. Digo que me utilizan porque toda mi vida he servido para el hombre, ese que se cree en mayor condición porque se comunica por ruidos y no por gestos como el resto de nosotros, sin embargo mi historia ahora no es esa sino de como ocurrieron los sucesos de mi vida hasta el momento.

Cuando era un pequeño viví con mi madre, con un perro, un grupo de caballos y muchas vacas. Según me enteré nosotros le pertenecíamos a un hombre llamado Pedro de Badajoz. Este personaje era bastante particular, ya que él, su mujer y su familia me trataban con especial cariño cuando fui pequeño, pero a medida que fui creciendo eran más duros conmigo. Como mi madre fue usado como "bestia de carga", es decir, yo llevaba los víveres de Pedro de Badajoz. Normalmente los víveres eran cantinas de leche que llevaba al pueblo de Alba de Tormes, pues nosotros no vivíamos propiamente en este pueblo sino a unas cuantas horas. Con el tiempo aprendí a hacer el trabajo bien, pero no fue fácil. Para poder aprender me reprendieron con azotes cuando me rehusaba a hacer tareas que me eran imposibles, pero aprendí que el humano no entiende hasta que se equivoca, y cuando Pedro veía porque era que me rehusaba con vergüenza en su cara veía otra forma de poder realizar esta tarea. Así fue que aprendí, y como aprendí tan bien un día pude ir al pueblo sin carga. Pero en el pueblo Pedro de Badajoz entregó mis riendas a otra persona que le dio unas monedas. Este hombre al que le dieron mis riendas me cargó con equipaje que a decir verdad era liviano. Luego me llevó a un pueblo que era más grande que Alba de Tormes, escuché conversar al hombre y entre su conversación con alguien que le preguntaba a donde iba, el hombre le dijo que iba a Salamanca, al convento de los dominicos. Ese convento era un sitio grande, donde tenían caballerizas y abundante comida para todos los animales, porque estos tenían más animales que Pedro de Badajoz. Al llegar me descargaron y me dieron agua y se acercó otro hombre, que acariciándome el lomo decía "este servirá, se ve bastante fuerte, salimos en 3 días, que esté bien alimentado para entonces". Luego lo vi alejarse y dar ordenes a otros hombres que estaban vestidos igual que el, con sotanas blancas y negras, y que estaban empacando una gran cantidad de equipaje. El hombre que me canjeó me llevo luego a unas caballerizas donde habían mulas y caballos. Me comuniqué con ellos y me contaron todo. Me dijeron que los hombres habían hallado un nuevo mundo, pero que ese nuevo mundo tenía a una gente distinta a estos hombres. Dijeron que habían escuchado que los "Frailes", así le llamaban a mis nuevos dueños, tenían que ir al nuevo mundo a salvar a esta gente nueva. Nunca supe de que tenían que salvarlos. También me dijeron el nombre del hombre que me acarició, me dijeron que se llamaba fray Bartolomé de las Casas y que el iba a ir al nuevo mundo a salvar a los nuevos hombres.

Por 2 días no hice más que comer y dormir, pero al llegar el tercer día desde muy temprano me sacaron de la caballeriza y comenzaron a montar equipaje en mí. Era mucho, al parecer este viaje al nuevo mundo se iba a demorar porque estos "frailes" llevaban mucho equipaje, el cual no solo cargaba yo sino otros asnos también. Después de montar el equipaje emprendimos el camino en fila hacia Sevilla, o eso era lo que había escuchado de mis compañeros asnillos. Según parecía, Sevilla era un pueblo más importante que Salamanca y Alba de Tormes, por alguna razón. El camino hacia Sevilla fue lento, ya que en cada pequeña población los frailes se detenían a pedir dinero, provisiones y a hablar con grupos de gente sobre un “Jesús” y algo llamado “Dios”. Los otros asnos me contaron que “Jesús” y “Dios” iban a salvar a estos hombres también, pero seguía sin saber de que era que se debían salvar. No supe cuantos días pasaron después de salir de Salamanca, pero un día uno de los frailes cayó al piso inesperadamente. Todos fueron a auxiliarlo y cuando le quitaron su capucha se reveló una cara de hombre que se notaba bastante cansado. Bartolomé se dispuso a quitarme el equipaje de encima y luego montaron al fraile sobre mí. Por 5 días tuve que cargas sobre mí al fraile que se había desvanecido. Finalmente después de un largo camino logramos llegar a Sevilla. Al principio no noté nada especial en la ciudad pero luego supe porque era importante esta ciudad. Llegamos a lo que llaman puerto y ahí se podía ver al horizonte agua, como la que tomamos, como la que corre en los ríos, pero es infinita. No se puede ver donde termina, solo se ve un horizonte. Mientras yo miraba atónito los frailes subieron en una especie de casa que se mantiene sobre el agua, hablaron con unos hombres y bajaron. Al bajar los frailes comenzaron a buscar hospedaje por la ciudad y nosotros escuchábamos de lo que hablaban los caballos y mulas de la ciudad. Se comentaba del nuevo mundo. Se decía que los nuevos hombre son existían, sino que eran animales y que también se debía abusar de ellos como se abusa de nosotros. ¿Será que Bartolomé iba en busca de los nuevos hombres y que nadie los había encontrado? Otros tantos decían que esos animales eran los nuevos hombres y que no eran ningunos animales, que solo tenían un problema y era que obraban como salvajes, pero que se podían domesticar. Había unos que llegaban a decir que los nuevos hombres no debían ser domesticados porque ellos habían nacido y vivido así y que nadie tenía autoridad sobre ellos y que la autoridad implantada era ilegitima. Entre tantas conversaciones los frailes llegaron a un acuerdo con una mujer y se hospedaron en una casa que tenia un poste donde amarrar a los animales. Nos amarraron y nos dejaron con el equipaje esperando. Al otro día los frailes descargaron el equipaje, sin embargo no nos soltaron y nos dejaron amarrados a ese poste. Con el tiempo entendimos que los frailes nunca mas iban a volver y que nuestra nueva dueña era la señora dueña de casa. Sin embargo no dejamos de pensar en lo que pudo haber ocurrido con Fray Bartolomé de las Casas y sus nuevos hombres del nuevo mundo.

Lupe la Lala, la gata carabelera:

Desde que tengo memoria he vivido con los Guzmán. No conocí a mi madre ni supe donde nací ni bajo que circunstancias, pero no me puedo quejar porque esta familia me ha tratado con cariño desde que recuerdo. Los Guzmán son una familia ligeramente acomodada que han conseguido todo lo que tienen gracias a una carabela que se llama “La Lupe” y por esta carabela mi nombre es el que tengo, Lupe la Lala, soy una gata que vive en la carabela, una gata carabelera. El porque llegue a la familia de los Guzmán es muy fácil de explicar y lo haré continuación.
Desde hace mucho tiempo los marineros se enfrentaron a un problema muy grande y es que cuando el cargamento que debían llevar a través de los mares era alimento, este se veía seriamente disminuido cuando arribaba al puerto de llegada. Este problema era debido a un pequeño animal, roedor más exactamente, llamado rata. Las ratas como roedores que son se reproducen muy fácilmente y son pequeñas lo que les da habilidad de entrar por pequeños agujeros dentro de las maderas de los barcos. Estas ratas aprovechan de cualquier comida que encuentren, pero en esto no radica el problema sino que las ratas contienen muchas enfermedades nocivas para los humanos y al comer el alimento de los humanos este se contamina y se termina dañando. Para enfrentar este terrible problema los humanos recurrieron a los depredadores de estos roedores que en el caso domestico son los perros y los gatos, y al pasar el tiempo los marineros encontraron que era mejor llevar gatos por unas detalladas razones. Los gatos en primera instancia son más limpios que los perros, los gatos esconden sus suciedades en sitios donde nadie pueda verlas. Por otro lado los gatos tienen mejor balance, se marean menos y son más pequeños, por lo que tienen mayores posibilidades de atrapar más ratas que un perro. Y por último se dice que los gatos en las embarcaciones son de buena suerte. Esto es porque los marineros afirman que los gatos pueden predecir el clima. Cuando va a haber cielo despejado permanecemos calmados, pero por el contrario cuando se avecinan lluvias y tormentas eléctricas nos alteramos y nuestro pelo tiende a esponjarse. Por estas razones es que desde que Joaquín Guzmán, el abuelo de mi amo don Santiago de Guzmán, consiguió la a “La Lupe” vendiendo su casa, siempre se ha tenido a bordo un gato.

Pero algo que nunca se le pasó por la cabeza a don Joaquín Guzmán era que el trabajo de “La Lupe iba a cambiar de rumbo cuando el barco estaba en manos de José Guzmán el padre de don Santiago. A principios del año 1493, don José recibió la noticia que muchos habían escuchado antes, se había descubierto un nuevo mundo al buscar una nueva ruta hacia las indias orientales. En primer momento no pareció algo del otro mundo para don José, pero con el tiempo mas barcos se dirigían hacia ese nuevo mundo. Cerca del año 1534 cuando don José ya era mucho mayor decidió optar por la decisión que estaban tomando muchos dueños de barcos, había que traer mercancías de este nuevo mundo y ayudar al imperio para la conquista del nuevo mundo. Entonces don José emprendería su primer viaje de Cádiz hacia el puerto de Veracruz en la Nueva España y desde ese entonces es que los Guzmán viajan a las Indias Occidentales a llevar mercancías y colonos y a traer a España noticias y más mercancías.

Don Santiago no defraudaría a sus antecesores y seguiría con el trabajo que llevaban a cabo su padre y su abuelo, trabajo que se continuaría puesto que a pesar de que el hijo mayor, Edilberto, estudiaba para ser cura, el hijo menor, Antonio, era instruido por el tío Pedro para aprender a manejar a “La Lupe”. Por tanto el único familiar que acompañaría a don Santiago en sus travesías al nuevo mundo era yo. Y es que don Santiago disfrutaba de mi compañía porque siempre llevaba a cabo muy bien mi tarea como gata. Yo siempre busco en todos los rincones del barco a las ratas, porque estas se saben esconder muy bien. Las he encontrado en las vasijas donde sirven la comida de los marineros, dentro de las provisiones para los viajes, dentro del agua y hasta en las velas que se encuentran recogidas. Incluso una vez pude comer 4 ratas gracias a Xavier, el marinero más joven de la carabela. Un día don Santiago pidió un vaso de ron y Xavier fue a llenarlo. En esas encontró dentro del barril a cuatro ratas que buscando comida habían caído dentro del barril. Al informar Xavier de lo ocurrido, don Santiago mandó a arrojar por la borda el barril de ron, ya que podía estar contaminado. Xavier hizo caso omiso, pues cuando encontró a las ratas estaban chapaleando lo que indica que acababan de caer y por tanto el ron no estaba contaminado aun. Entonces Xavier repartió el ron entre los marineros y para que todos pudiéramos disfrutar del botín Xavier me dio las 4 ratas para comerlas.

Al llegar a las Indias todos disfrutábamos pues teníamos que esperar cerca de una semana mientras se descargaba y cargaba el barco y durante la semana nos quedábamos en casas de hospedaje que existían en el puerto. Yo no sabia que hacían los marineros pero por mi parte yo me escapaba de la recamará de don Santiago para ir en busca de pequeños roedores e insectos que abundaban en el nuevo mundo, claro que siempre trataba de no adentrarme mucho porque temía de encontrarme con unos grandes felinos que habitan en las selvas de las indias. Una vez pude ver a uno de estos felinos que llevamos de La Habana a Cádiz, pues iba a servir de regalo de bodas a una familia muy acomodada. El felino al principio se notaba disgustado, rugía y manoteaba al que se le acercaba incluso al que le llevaba comida, pero con el tiempo el felino se veía enfermo. Se le dobló la ración de comida y de agua, pero no comía, solo tomaba agua. Cuando hicimos una parada de emergencia en las Azores portuguesas a causa de un daño en el mástil principal, el felino murió. Recordaré por siempre esa piel con pequeñas manchas que antes se veía tan poderosa y ahora tan vulnerable. No se supo porque murió, Félix el tuerto, el cocinero del “La Lupe” dijo que era “porque esas bestias no habitan en el mundo de los cristianos sino donde los salvajes”. Tal vez sea cierto. Pero algunos como yo podemos habitar en ambos mundos, y no tenemos que preocuparnos por morir de enfermedades y es que así logramos vivir nosotros en nuestra carabela que es nuestro hogar, sin preocupaciones porque cada viaje es como el anterior solo cambia la mercancía.



BIBLIOGRAFÍA

  • Martínez, José Luis, "Pasajeros de Indias", Fondo de Cultura, Mexico D.F., 1999
  • Bolaños, Alvaro Félix, "Barbarie y canibalismo en la retorica colonial", Cerec, Bogotá, 1994
  • Otte, Enrique, "Cartas privadas de emigrantes a indias 1540-1616", Fondo de Cultura, Mexico D.F., 1996
  • Pagden, Anthony, "La caida del hombre natural", Alianza editorial, Madrid, 1988